Amaya de Andrés, terapeuta: "Cuando pintamos con la mano no dominante, baja la autoexigencia"
Ponerse a pintar con la mano que menos utilizamos puede convertirse en una forma de enfrentarnos a nuestra propia exigencia. Hay actividades que parecen sencillas hasta que nos ponemos delante de ellas, y pintar puede ser una de ellas si nos obligan a hacerlo con la mano no dominante. Y ahí aparece, paradójicamente, una primera ventaja: si sabemos de antemano que no tenemos la misma destreza con esa mano, desaparece parte de la presión por conseguir un resultado estético. Tal como indica Amaya de Andrés, "disminuyen las expectativas estéticas sobre lo que se va a pintar, disminuye el grado de autoexigencia, aumenta la capacidad lúdica de probar y experimentar, aumenta la percepción de libertad y aumenta el contacto auténtico con el cuerpo".
